Buscar este blog

Vientos boreales

jueves, 28 de mayo de 2015

La furia del río casi se los lleva esa mañana, todavía tenía pegada la camisa entre el pecho y la espalda. Y aún el corazón le agradecía haciéndose sentir con un claro dolor que le decía que estaba vivo.

La A'ma en la chalupa lo saco del agua, y en la orilla le decían que agradeciera que ella estaba enluna'a porqué sino se lo come el agua. Si, A'ma estaba embarazada, y cuando Guillermo le pregunto: -" A'ma, ¿que es eso de enluna'a?"- Ella contestó haciendo un gesto de poco interés, como si lo que dijera fuera obvio a simple vista. Lo que no sabe es que los ojos ven lo que aprendieron a ver - "¡Ah! ¡¿pues como que que eso?! pues la luuuna, la luuna mijo que es más exacta que el sol, la luunaa que manda el agua, los mares, la pesca pues!, el sol le sobran horas como los hombres, listos pa descansar, pero las viejas, nosotras no descansamos por eso las lunas son exactas, o es ¿que crees que las semanas de embarazo son solares? ¡pues no! son lunares y anda esa señora si es que es exacta a mi me falta una, tanto como que te digo, en una venís y ves a mi pelao, ¡pa ver si doña luna estaba equivocada!"-

Guillermo comprendió que hablar con aquella morena de 1,70 con brazos fuertes y curvas pronunciadas era jugar a pelear, toda pregunta era tomada como si fueran obvias y la hiciera perder el tiempo. Cuando por fin llegó la hora de dedicarse a estudiar a hablar de tomar agua potable, en medio de la humedad abrazadora, antes de coger la mochila sonaron los tambores en medio de los manglares. - "¡Ja! ¡se lo llevo! alma bendita, se llevo al pelao"- Hacía unos días Joaquín se había muerto, su mujer hizo la novena, pero no le quemo la choza y pues, bien dicen que un muerto siempre se lleva un compañero. Esa noche la mujer de Joaquín se quedaba sin hijo. -"¡Bueno memo! preparate pues que nos vamos es a comer y vos a tomar, vamos a cantar y a pasarla bueno". Si, Guillermo entendía bien, un bebé acababa de morir, entonces ¿por qué la negra estaba contenta? - "pues porque hay que celebrar, el pelao se va pa un lugar mejor, a ese no le toca sufrir como a nosotros acá"

Se montaron en la chalupa y Memo por decencia empezó a remar, pero como siempre A'ma se burlaba de lo "enclenque" que este era, -"¡ja! nooo Memo, si es que a ustedes por allá en el interior con que es que los alimentan. Mi pedrín era la mitad de vos y alma bendita no se cansaba tanto. O decime ¿te da miedo el monte oscuro?"

Y la verdad es que moverse en medio de la noche por los manglares no era el mejor panorama. Por momentos Guillermo veía imponentes deidades de numerosos pies, como calamares gigantes que se posaban sobre su cabeza y cerraban el mundo para no volver, los tambores se hacían mas fuertes, era lo único que lo mantenía en la tierra. Pero, las estrellas ¡carajo las estrellas! que hermosas se veían colgadas del cielo, de esas sensaciones que crees nunca más vas a volver a sentir...

Cuando llegaron a la casa al otro lado del manglar, los brazos de Guillermo temblaban como gelatina, podría jurar ante cualquier dios que cuando despertara no tendría brazos... ¿como podían hacerlo todos los días? Asegurandose de tener los brazos bien puestos, entraron y en medio de la sala una enorme mariposa negra estaba sujetada con un cristo de madera, la primera el símbolo de la muerte africano y la segunda era la del mundo cristiano. En estas culturas las religiones no pelean, simplemente se mezclan.

El bebé estaba en una cama de hermosas flores, vestido de blanco y las matronas habían metido en la nariz del niño hojas de limoncillo, o por lo menos ese era el olor más fuerte además del trago, y en su estomago bolas de Borojo, todos, incluyendo el licor  para que el cuerpo (el de los vivos y los muertos) resistiera los nueve días de rezos. Era alusinante ver un cadaver de una criatura tan pequeña en medio de tanta algarabía, pero no era pesadumbre, era alegría, "Este mundo e´ta muy bravo, los pelaos que se van temprano son afortunaos, van a vivir bien, no van a sufrir, ¡no hay razón pa estar triste! ¡hay es que celebrar!" Y Jacinto se robó a Guillermo a una butaca, desde donde aún se podía mirar el cadaver adornado del pequeño Elí,  "Aquí la muerte se sienta contigo, sí la invitas." Pensó. Nunca supo como sentirse, mientras las mujeres, incluyendo la madre, cantaban, cocinaban y lloraban, los hombres empezaban a ver doble. Esa noche por las venas de Memo circulaba mas licor que sangre. Amaneció en la choza, con esos rayos que malosos se camuflan por las grietas mas insólitas a fulminar la poca oscuridad que te permite huir de los martillazos en la cabeza, las matronas todavía cantaban. Miro la sombra que dibujaba el sol en medio de la playa y se dio cuenta que había perdido más de medio día en la amencia de la fiesta. Debía ir al pueblo, hablar en la alcaldía y negociar los términos del suministro de agua potable.

Cómo pudo disfrazó el olor de las bebidas de la noche con un pedazo de pan, no quizó esperar los dialogos eternos de A´ma, le pagó a Lisimaco, pa que en la canoa lo sacara lo más rápido que pudiera al pueblo. Cuando llegó hacía rato lo esperaban y cuando lo vió al alcalde le llamó la atención los dijes que le colgaban en el pecho destapado, el respandor de los metales se metian como cuchillos entre los ojos de Memo. Se distrajo mirando la plaza del parque, habitualmente solo el parque estaba colmado, pero no era por Memo, eso era seguro. Sin entender porque a Memo le dio la imprensión de necesitar traducción de las miradas, algo más pasaba. Pronto entendió lo que ocurría, cuando decidió escuchar al alcalde ya no entendía, no había conferencia, no habían garantias, se verían en la ciudad para hablar calmadamente pero le recomendaba que se fuera.

Intentando entender pasó la mirada en medio de la plaza y allí lo vió; Muacho venía en la bicicleta de Saulo, pero cuando lo quisó saludar con el madito brillo del metal buscandole la cara reconoció la 38 en el resorte de la pantaloneta,  doña Clementina venía gritando, mientras Muacho venía apuntando enloquecido en un extasis de poder, Memo pego la nariz al suelo cuando Muacho descargo el tambor de la pistola, lo asombroso del momento no fueron los muertos fue el silencio con que cayeron. En la mitad del parque lo esperaban, con palas, picas y cuchillos todos encima lo lapidaron y el polvo como complice cubria la matanza. Todos quisieron desquitarse, incluso el alcalde dejo su huella en la cara de Muacho, le dejaron la cara irreconocible y los perros lamían la sangre fresca recién servida. Memo se paro como pudo, la normalidad había regresado los gallinazos volaban en círculo alrededor, iba a llover... Muacho estaba como un monumento en medio de la plaza. Todos siguieron su vida como si nada, Chava paso por encima, nadie lo miraba, el único era Memo.