Una nota de amor...
"Te pones el coralito y así evitamos que malos hombres te lleven". Eso le decían. Medio día se gastaba intentando ocultar el collar de los ojos de los curiosos que sabían su significado. Era una niña, pronto mujer que tenía demasiado fuego y el fuego es dañino en las mujeres que ya solas son peligrosas.
Antes y durante la imposición de su condena a llevar ese hilo de piedras naranjas, rojas y negras, se había resignado a no estar con nadie del pueblo, no la merecían. Porqué era la hija de la bruja, la satánica, la de ojos tristes. Rechazó cualquier chispa que quisiera prender. Cuando el fuego se contiene dentro de un área muy pequeña, abre paso una vez hay una grieta de libertad, y así ocurrió.
El primer beso le reventó el coralito. En una fiesta sin decir más, las luces se apagaron y dos manos gigantes se prendieron como arañas de las suyas, no gritó. Sitió un tronco, un corazón y un respiro que la acuñó en la esquina del salón y una lengua abrió sus labios y danzó en su garganta, salió y delineo su boca y le dió un pequeño mordisco en el cuello. Ella forcejeó, pero un hombro fuerte la volvió a aprisionar dulcemente en la pared. Esta vez una de las manos de la sombra le toco el cuello, el pecho y cuando tocó el coral lo haló y sin el menor ruido las cientos de piedras se deslizaron junto a la sombra por sus senos, el ombligo y debajo de su primera falda.
Ante un movimiento brusco, la liberaron y la dejaron allí justo cuando las luces volvían a encenderse. Miró a todas partes buscando el agresor de manos grandes, pero todos parecían retornar de una pausa, nadie vio nada, nadie reía, nadie lo había notado. Pero ella sabía que era real, su coral no estaba y las piedras la miraban desde abajo.
Así comprendió que el collar apagaba lo que ella quería que alguien encendiera. Una sombra de hombros y manos grandes le acababa de dejar un sello, una ruta, un mapa. La sombra le había mostrado qué quería en el sexo, en el amor, en su vida. Quería fuego, chispa, misterio y sobre todo una sensación húmeda entre las piernas. Por eso montaba a caballo hasta que le dolieran las piernas, por eso le encantaba meterse en la corriente del río, por eso prendía fogatas, cientos en medio del bosque...
Era ella liberada del coralito, era ella entendiendo la forma en que iba a amar y se iba a pasar la vida entera buscando al cuerpo de la sombra, a la sensación que generaba su respiración, a la lectura que había hecho de su cuerpo, al liberarla, al dejarla ser. Ésa era la nota que le había dejado el destino, la pista que debía encontrar...
PALABRAS GRISES
Alguien alguna vez se inventó que el infierno era caliente como el fuego... pero en la época de Stalin alguien definió el infierno como blanco, silencioso y mortal, bello y esclavizante, eterno, implacable... Fue un prisionero de guerra ruso Alexander Solzhenitsyn, hablaba de Siberia... Eso es lo que quiero, que hablen de sus infiernos todos los que tenemos dentro... y los que vemos fuera....
lunes, 16 de noviembre de 2015
jueves, 28 de mayo de 2015
La furia del río casi se los lleva esa mañana, todavía tenía pegada la camisa entre el pecho y la espalda. Y aún el corazón le agradecía haciéndose sentir con un claro dolor que le decía que estaba vivo.
La A'ma en la chalupa lo saco del agua, y en la orilla le decían que agradeciera que ella estaba enluna'a porqué sino se lo come el agua. Si, A'ma estaba embarazada, y cuando Guillermo le pregunto: -" A'ma, ¿que es eso de enluna'a?"- Ella contestó haciendo un gesto de poco interés, como si lo que dijera fuera obvio a simple vista. Lo que no sabe es que los ojos ven lo que aprendieron a ver - "¡Ah! ¡¿pues como que que eso?! pues la luuuna, la luuna mijo que es más exacta que el sol, la luunaa que manda el agua, los mares, la pesca pues!, el sol le sobran horas como los hombres, listos pa descansar, pero las viejas, nosotras no descansamos por eso las lunas son exactas, o es ¿que crees que las semanas de embarazo son solares? ¡pues no! son lunares y anda esa señora si es que es exacta a mi me falta una, tanto como que te digo, en una venís y ves a mi pelao, ¡pa ver si doña luna estaba equivocada!"-
Guillermo comprendió que hablar con aquella morena de 1,70 con brazos fuertes y curvas pronunciadas era jugar a pelear, toda pregunta era tomada como si fueran obvias y la hiciera perder el tiempo. Cuando por fin llegó la hora de dedicarse a estudiar a hablar de tomar agua potable, en medio de la humedad abrazadora, antes de coger la mochila sonaron los tambores en medio de los manglares. - "¡Ja! ¡se lo llevo! alma bendita, se llevo al pelao"- Hacía unos días Joaquín se había muerto, su mujer hizo la novena, pero no le quemo la choza y pues, bien dicen que un muerto siempre se lleva un compañero. Esa noche la mujer de Joaquín se quedaba sin hijo. -"¡Bueno memo! preparate pues que nos vamos es a comer y vos a tomar, vamos a cantar y a pasarla bueno". Si, Guillermo entendía bien, un bebé acababa de morir, entonces ¿por qué la negra estaba contenta? - "pues porque hay que celebrar, el pelao se va pa un lugar mejor, a ese no le toca sufrir como a nosotros acá"
Se montaron en la chalupa y Memo por decencia empezó a remar, pero como siempre A'ma se burlaba de lo "enclenque" que este era, -"¡ja! nooo Memo, si es que a ustedes por allá en el interior con que es que los alimentan. Mi pedrín era la mitad de vos y alma bendita no se cansaba tanto. O decime ¿te da miedo el monte oscuro?"
Y la verdad es que moverse en medio de la noche por los manglares no era el mejor panorama. Por momentos Guillermo veía imponentes deidades de numerosos pies, como calamares gigantes que se posaban sobre su cabeza y cerraban el mundo para no volver, los tambores se hacían mas fuertes, era lo único que lo mantenía en la tierra. Pero, las estrellas ¡carajo las estrellas! que hermosas se veían colgadas del cielo, de esas sensaciones que crees nunca más vas a volver a sentir...
Cuando llegaron a la casa al otro lado del manglar, los brazos de Guillermo temblaban como gelatina, podría jurar ante cualquier dios que cuando despertara no tendría brazos... ¿como podían hacerlo todos los días? Asegurandose de tener los brazos bien puestos, entraron y en medio de la sala una enorme mariposa negra estaba sujetada con un cristo de madera, la primera el símbolo de la muerte africano y la segunda era la del mundo cristiano. En estas culturas las religiones no pelean, simplemente se mezclan.
El bebé estaba en una cama de hermosas flores, vestido de blanco y las matronas habían metido en la nariz del niño hojas de limoncillo, o por lo menos ese era el olor más fuerte además del trago, y en su estomago bolas de Borojo, todos, incluyendo el licor para que el cuerpo (el de los vivos y los muertos) resistiera los nueve días de rezos. Era alusinante ver un cadaver de una criatura tan pequeña en medio de tanta algarabía, pero no era pesadumbre, era alegría, "Este mundo e´ta muy bravo, los pelaos que se van temprano son afortunaos, van a vivir bien, no van a sufrir, ¡no hay razón pa estar triste! ¡hay es que celebrar!" Y Jacinto se robó a Guillermo a una butaca, desde donde aún se podía mirar el cadaver adornado del pequeño Elí, "Aquí la muerte se sienta contigo, sí la invitas." Pensó. Nunca supo como sentirse, mientras las mujeres, incluyendo la madre, cantaban, cocinaban y lloraban, los hombres empezaban a ver doble. Esa noche por las venas de Memo circulaba mas licor que sangre. Amaneció en la choza, con esos rayos que malosos se camuflan por las grietas mas insólitas a fulminar la poca oscuridad que te permite huir de los martillazos en la cabeza, las matronas todavía cantaban. Miro la sombra que dibujaba el sol en medio de la playa y se dio cuenta que había perdido más de medio día en la amencia de la fiesta. Debía ir al pueblo, hablar en la alcaldía y negociar los términos del suministro de agua potable.
Cómo pudo disfrazó el olor de las bebidas de la noche con un pedazo de pan, no quizó esperar los dialogos eternos de A´ma, le pagó a Lisimaco, pa que en la canoa lo sacara lo más rápido que pudiera al pueblo. Cuando llegó hacía rato lo esperaban y cuando lo vió al alcalde le llamó la atención los dijes que le colgaban en el pecho destapado, el respandor de los metales se metian como cuchillos entre los ojos de Memo. Se distrajo mirando la plaza del parque, habitualmente solo el parque estaba colmado, pero no era por Memo, eso era seguro. Sin entender porque a Memo le dio la imprensión de necesitar traducción de las miradas, algo más pasaba. Pronto entendió lo que ocurría, cuando decidió escuchar al alcalde ya no entendía, no había conferencia, no habían garantias, se verían en la ciudad para hablar calmadamente pero le recomendaba que se fuera.
Intentando entender pasó la mirada en medio de la plaza y allí lo vió; Muacho venía en la bicicleta de Saulo, pero cuando lo quisó saludar con el madito brillo del metal buscandole la cara reconoció la 38 en el resorte de la pantaloneta, doña Clementina venía gritando, mientras Muacho venía apuntando enloquecido en un extasis de poder, Memo pego la nariz al suelo cuando Muacho descargo el tambor de la pistola, lo asombroso del momento no fueron los muertos fue el silencio con que cayeron. En la mitad del parque lo esperaban, con palas, picas y cuchillos todos encima lo lapidaron y el polvo como complice cubria la matanza. Todos quisieron desquitarse, incluso el alcalde dejo su huella en la cara de Muacho, le dejaron la cara irreconocible y los perros lamían la sangre fresca recién servida. Memo se paro como pudo, la normalidad había regresado los gallinazos volaban en círculo alrededor, iba a llover... Muacho estaba como un monumento en medio de la plaza. Todos siguieron su vida como si nada, Chava paso por encima, nadie lo miraba, el único era Memo.
La A'ma en la chalupa lo saco del agua, y en la orilla le decían que agradeciera que ella estaba enluna'a porqué sino se lo come el agua. Si, A'ma estaba embarazada, y cuando Guillermo le pregunto: -" A'ma, ¿que es eso de enluna'a?"- Ella contestó haciendo un gesto de poco interés, como si lo que dijera fuera obvio a simple vista. Lo que no sabe es que los ojos ven lo que aprendieron a ver - "¡Ah! ¡¿pues como que que eso?! pues la luuuna, la luuna mijo que es más exacta que el sol, la luunaa que manda el agua, los mares, la pesca pues!, el sol le sobran horas como los hombres, listos pa descansar, pero las viejas, nosotras no descansamos por eso las lunas son exactas, o es ¿que crees que las semanas de embarazo son solares? ¡pues no! son lunares y anda esa señora si es que es exacta a mi me falta una, tanto como que te digo, en una venís y ves a mi pelao, ¡pa ver si doña luna estaba equivocada!"-
Guillermo comprendió que hablar con aquella morena de 1,70 con brazos fuertes y curvas pronunciadas era jugar a pelear, toda pregunta era tomada como si fueran obvias y la hiciera perder el tiempo. Cuando por fin llegó la hora de dedicarse a estudiar a hablar de tomar agua potable, en medio de la humedad abrazadora, antes de coger la mochila sonaron los tambores en medio de los manglares. - "¡Ja! ¡se lo llevo! alma bendita, se llevo al pelao"- Hacía unos días Joaquín se había muerto, su mujer hizo la novena, pero no le quemo la choza y pues, bien dicen que un muerto siempre se lleva un compañero. Esa noche la mujer de Joaquín se quedaba sin hijo. -"¡Bueno memo! preparate pues que nos vamos es a comer y vos a tomar, vamos a cantar y a pasarla bueno". Si, Guillermo entendía bien, un bebé acababa de morir, entonces ¿por qué la negra estaba contenta? - "pues porque hay que celebrar, el pelao se va pa un lugar mejor, a ese no le toca sufrir como a nosotros acá"
Se montaron en la chalupa y Memo por decencia empezó a remar, pero como siempre A'ma se burlaba de lo "enclenque" que este era, -"¡ja! nooo Memo, si es que a ustedes por allá en el interior con que es que los alimentan. Mi pedrín era la mitad de vos y alma bendita no se cansaba tanto. O decime ¿te da miedo el monte oscuro?"
Y la verdad es que moverse en medio de la noche por los manglares no era el mejor panorama. Por momentos Guillermo veía imponentes deidades de numerosos pies, como calamares gigantes que se posaban sobre su cabeza y cerraban el mundo para no volver, los tambores se hacían mas fuertes, era lo único que lo mantenía en la tierra. Pero, las estrellas ¡carajo las estrellas! que hermosas se veían colgadas del cielo, de esas sensaciones que crees nunca más vas a volver a sentir...
Cuando llegaron a la casa al otro lado del manglar, los brazos de Guillermo temblaban como gelatina, podría jurar ante cualquier dios que cuando despertara no tendría brazos... ¿como podían hacerlo todos los días? Asegurandose de tener los brazos bien puestos, entraron y en medio de la sala una enorme mariposa negra estaba sujetada con un cristo de madera, la primera el símbolo de la muerte africano y la segunda era la del mundo cristiano. En estas culturas las religiones no pelean, simplemente se mezclan.
El bebé estaba en una cama de hermosas flores, vestido de blanco y las matronas habían metido en la nariz del niño hojas de limoncillo, o por lo menos ese era el olor más fuerte además del trago, y en su estomago bolas de Borojo, todos, incluyendo el licor para que el cuerpo (el de los vivos y los muertos) resistiera los nueve días de rezos. Era alusinante ver un cadaver de una criatura tan pequeña en medio de tanta algarabía, pero no era pesadumbre, era alegría, "Este mundo e´ta muy bravo, los pelaos que se van temprano son afortunaos, van a vivir bien, no van a sufrir, ¡no hay razón pa estar triste! ¡hay es que celebrar!" Y Jacinto se robó a Guillermo a una butaca, desde donde aún se podía mirar el cadaver adornado del pequeño Elí, "Aquí la muerte se sienta contigo, sí la invitas." Pensó. Nunca supo como sentirse, mientras las mujeres, incluyendo la madre, cantaban, cocinaban y lloraban, los hombres empezaban a ver doble. Esa noche por las venas de Memo circulaba mas licor que sangre. Amaneció en la choza, con esos rayos que malosos se camuflan por las grietas mas insólitas a fulminar la poca oscuridad que te permite huir de los martillazos en la cabeza, las matronas todavía cantaban. Miro la sombra que dibujaba el sol en medio de la playa y se dio cuenta que había perdido más de medio día en la amencia de la fiesta. Debía ir al pueblo, hablar en la alcaldía y negociar los términos del suministro de agua potable.
Cómo pudo disfrazó el olor de las bebidas de la noche con un pedazo de pan, no quizó esperar los dialogos eternos de A´ma, le pagó a Lisimaco, pa que en la canoa lo sacara lo más rápido que pudiera al pueblo. Cuando llegó hacía rato lo esperaban y cuando lo vió al alcalde le llamó la atención los dijes que le colgaban en el pecho destapado, el respandor de los metales se metian como cuchillos entre los ojos de Memo. Se distrajo mirando la plaza del parque, habitualmente solo el parque estaba colmado, pero no era por Memo, eso era seguro. Sin entender porque a Memo le dio la imprensión de necesitar traducción de las miradas, algo más pasaba. Pronto entendió lo que ocurría, cuando decidió escuchar al alcalde ya no entendía, no había conferencia, no habían garantias, se verían en la ciudad para hablar calmadamente pero le recomendaba que se fuera.
Intentando entender pasó la mirada en medio de la plaza y allí lo vió; Muacho venía en la bicicleta de Saulo, pero cuando lo quisó saludar con el madito brillo del metal buscandole la cara reconoció la 38 en el resorte de la pantaloneta, doña Clementina venía gritando, mientras Muacho venía apuntando enloquecido en un extasis de poder, Memo pego la nariz al suelo cuando Muacho descargo el tambor de la pistola, lo asombroso del momento no fueron los muertos fue el silencio con que cayeron. En la mitad del parque lo esperaban, con palas, picas y cuchillos todos encima lo lapidaron y el polvo como complice cubria la matanza. Todos quisieron desquitarse, incluso el alcalde dejo su huella en la cara de Muacho, le dejaron la cara irreconocible y los perros lamían la sangre fresca recién servida. Memo se paro como pudo, la normalidad había regresado los gallinazos volaban en círculo alrededor, iba a llover... Muacho estaba como un monumento en medio de la plaza. Todos siguieron su vida como si nada, Chava paso por encima, nadie lo miraba, el único era Memo.
jueves, 12 de agosto de 2010
Memorial de un homicidio...
La puerta era más pesada que su vida, se abría y se demoraba casi un siglo. Cansado se recostó y pensó en que los días eran cada vez más largos. Recordó como detesta levantarse y que el transcurso del tiempo lo enfrente a su realidad: es un fracasado... Fundió la cara en la almohada como quien quiere desaparecer buscando la puerta a otro mundo. No sabía qué lo mantenía vivo, a veces vivir es muy extraño, necesitas más que tus signos vitales, es algo más que respirar. "Vivir más que lo que te dice el resto es difícil" - pensaba- la monotonía le da un molde a tu vida y finaliza por moldearte a ti también, la monotonía... "¿Qué puede ser más doloroso?" -Se preguntaba- Y esta era la primera a un sin fin de puertas disfrazadas de preguntas que lo llevaban a un mar de odio por sí mismo, era la rutina de todas sus noches... Odiarse hasta donde más lo soportara y luego se dormía.
Pérdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que alguien lo observaba. De esas sombras que pasan sin que determines demasiado porque se cuelan por el rabillo del ojo y uno simplemente las extingue ignorándolas. Pero ésta era diferente, se quería quedar y lo miraba esperando a que él le correspondiera. Y así fue, la noche era diferente y no se alcanzó a hundir en sus lagos de tristezas, antes miro a su lado. Allí estaba... Un hombre borroso ¿o una mujer? era extrañamente atractivo; parecía adulto, mayor, y al mismo tiempo, por momentos, había una sensación de ternura, como cuando quieres besar a un niño y llevarlo de la mano. Lo miraba detenidamente con una risa confundida en ese rostro hermafrodita, él se trato de levantar y un dolor en el pecho le freno el respiro, el dolor era como sentir clavados mil cuchillos, dolía desde el estómago y se intensificaba como una quemadura en el pecho, era mejor no respirar; y entonces, pensó: ¿cómo voy a dejar de hacerlo? En ese mismo instante, la cama se hundía como cuando alguien se sienta a tu lado... Y su mano lo acariciaba, si hubiera visto la escena desde el frente podría jurar que lo curaba. Idea muy contraria, con cada caricia el dolor crecía de manera indescriptible, quería pedirle que no lo hiciera y sus palabras eran que continuara... La confusión era tan agobiante como el dolor.
Tan de repente como su aparición, habló o por lo menos eso creyó: "¿No lo vas a preguntar? si claro, no puedes, - suspiró- casi todas las respuestas las tienes tú." Y este replico a pesar de su dolor: -" ¿Eres la muerte?"
-" Hay cosas peores que la muerte" - respondió-
- "Me estoy muriendo, eso lo tengo seguro..."
- " Estas muerto hace ya un tiempo, los olvidos son voluntarios, tú quisiste olvidarlo... pero lo cierto es que si, te estas muriendo..."
- " ¿Entonces quién eres?"
- " Tú lo sabes... búscalo, encuentrame... el dolor cederá si lo sabes"
El dolor no lo dejaba pensar claramente, ¿qué había olvidado? En algún momento se preguntaba ¿qué era peor que la monotonía? y vivía la respuesta en carne propia, retrocedía en sus recuerdos y no lo encontraba. En un momento dejó de respirar y lo vio... No sabía en que momento su vida se había vuelto lo que era... De esta forma, entendió porqué los olvidos eran voluntarios y entonces el dolor le firmo una tregua corta : " Eres la causa de mis tristezas... ¿por qué estas aquí?"
- "Porqué soy cruel... eso dices tú, vengo a ver como te vas... poco a poco... Pero... ¿no me vas a dar las gracias?"
- " Si, valió la pena... Gracias..." Cerró los ojos y la sangre tocó el suelo. La figura borrosa retrocedió y desapareció.
Esa noche en las noticias publicaban su muerte. El más grande escritor se había clavado muchas veces en su estomago los cuchillos que sintió y según la investigación con sangre sobre la mesa firmó el asesino, allí se leía: El amor...
Pérdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que alguien lo observaba. De esas sombras que pasan sin que determines demasiado porque se cuelan por el rabillo del ojo y uno simplemente las extingue ignorándolas. Pero ésta era diferente, se quería quedar y lo miraba esperando a que él le correspondiera. Y así fue, la noche era diferente y no se alcanzó a hundir en sus lagos de tristezas, antes miro a su lado. Allí estaba... Un hombre borroso ¿o una mujer? era extrañamente atractivo; parecía adulto, mayor, y al mismo tiempo, por momentos, había una sensación de ternura, como cuando quieres besar a un niño y llevarlo de la mano. Lo miraba detenidamente con una risa confundida en ese rostro hermafrodita, él se trato de levantar y un dolor en el pecho le freno el respiro, el dolor era como sentir clavados mil cuchillos, dolía desde el estómago y se intensificaba como una quemadura en el pecho, era mejor no respirar; y entonces, pensó: ¿cómo voy a dejar de hacerlo? En ese mismo instante, la cama se hundía como cuando alguien se sienta a tu lado... Y su mano lo acariciaba, si hubiera visto la escena desde el frente podría jurar que lo curaba. Idea muy contraria, con cada caricia el dolor crecía de manera indescriptible, quería pedirle que no lo hiciera y sus palabras eran que continuara... La confusión era tan agobiante como el dolor.
Tan de repente como su aparición, habló o por lo menos eso creyó: "¿No lo vas a preguntar? si claro, no puedes, - suspiró- casi todas las respuestas las tienes tú." Y este replico a pesar de su dolor: -" ¿Eres la muerte?"
-" Hay cosas peores que la muerte" - respondió-
- "Me estoy muriendo, eso lo tengo seguro..."
- " Estas muerto hace ya un tiempo, los olvidos son voluntarios, tú quisiste olvidarlo... pero lo cierto es que si, te estas muriendo..."
- " ¿Entonces quién eres?"
- " Tú lo sabes... búscalo, encuentrame... el dolor cederá si lo sabes"
El dolor no lo dejaba pensar claramente, ¿qué había olvidado? En algún momento se preguntaba ¿qué era peor que la monotonía? y vivía la respuesta en carne propia, retrocedía en sus recuerdos y no lo encontraba. En un momento dejó de respirar y lo vio... No sabía en que momento su vida se había vuelto lo que era... De esta forma, entendió porqué los olvidos eran voluntarios y entonces el dolor le firmo una tregua corta : " Eres la causa de mis tristezas... ¿por qué estas aquí?"
- "Porqué soy cruel... eso dices tú, vengo a ver como te vas... poco a poco... Pero... ¿no me vas a dar las gracias?"
- " Si, valió la pena... Gracias..." Cerró los ojos y la sangre tocó el suelo. La figura borrosa retrocedió y desapareció.
Esa noche en las noticias publicaban su muerte. El más grande escritor se había clavado muchas veces en su estomago los cuchillos que sintió y según la investigación con sangre sobre la mesa firmó el asesino, allí se leía: El amor...
miércoles, 2 de junio de 2010
Cuento de un cuento...
La hechicera viajaba entre los valles buscando descanso, aunque se negaba a admitirlo se estaba sintiendo sola, allá, en su tierra donde debería existir la magia hacía mucho tiempo no había un sortilegio, estaba enclaustrada en su propio tormento, no hay peor condena que la que te permite escapar y no puedes, esos son los embrujos más potentes.
Cuento I:
Hacía miles de años, había decidido quedarse para esfumarse, como agoniza una estrella, cuya belleza le regala una agonía larga y tormentosa, vivía sin magia a pesar de ser una Hechicera...
Siguiendo su rutina tuvo la oportunidad de conocer otros rumbos y paso de los Valles a las imponentes montañas del oriente, allí buscaba aprender o encontrar su cura, decían que en las montañas del oriente se encontrarían los Seres Sabios, ellos venían del norte, bastante lejos. Estos brujos, les enseñarían el arte de aprender, cosa que pocos brujos y hechiceras sabían, hacía miles de años se habían creado las doctrinas y pocos o casi nadie se atrevían a contrariarlas, era un evento sin precedentes... ese fue el motivo de su viaje, una luz entre tanta oscuridad.
Las montañas del oriente quedan exactamente opuestas a los valles occidentales, es un viaje largo, crudo, frío y lento que solo quien no tiene nada que perder se atrevería a realizar. Aunque aislada en si misma, no estaba sola. El viaje sería emprendido acompañada por El sabio, responsable de los destinos de la región sur occidental, Gebo - como lo llamaban por el séptimo símbolo del alfabeto rúnico, esa precisamente era su insignia - impulsado por una sed de poder siempre había querido seguir hacía la ruta de los Seres Sabios, con ellos su esclavo el estúpido Or, un ser sin voluntad y sin la más mínima inteligencia, pero el único que había rondado alguna vez esas tierras. La hechicera, discípula de Gebo, su mejor estudiante buscaba una manera de encontrar luz para su vida y su tierra llena de soledad y tristeza, ese era el motivo del viaje...
La hechicera conocía las tierras de las montañas del oriente, pero su soledad y la enfermedad que llevaba por dentro, su imposibilidad de magia, le habían borrado recuerdos mágicos y poco a poco perdía voluntariamente todo cuanto ella alguna vez quiso, su enfermedad la estaba venciendo.
Gebo conocía el mal que acompañaba a la hechicera; de alguna forma la quería, de una manera extraña, pero en verdad la amaba, sabía que el viaje era importante sobre todo para ella... Gebo tenía un presagio y presentimiento: en las montañas del oriente encontrarían la cura, si, la de su pueblo y de la enfermedad de la Hechicera... Or, el estúpido, intuía que su amo la necesitaría más a ella que a él, Or no la quería y el viaje iba a ser la prueba de ello...
Iniciando el viaje, tendrían que ir hacía el norte de los Valles Occidentales, ese sólo era el comienzo de un arriesgado camino. Rad, quinto símbolo del alfabeto rúnico, era el nombre de un ser muy antiguo despreciado por su poco poder en comparación a su edad; era apenas más joven que Gebo, la Hechicera había decidido adoptar sus enseñanzas. Aunque era más bien algo donde el uno en apoyo del otro, eran amigos, y a pesar de ser mayor, Rad, tenía un extraño embrujo de juventud, parecía mucho menor, todas las iniciantes, muy jóvenes a la luz de las estrellas, caían en su trampa. Esa, era para los demás, lo más desagradable y al mismo tiempo lo más cautivador de Rad.
Los cuatro iniciaron su travesía para ver los Seres Sabios, se dirigían al caucayaco buscando su curso hasta donde se encañona, la enorme pero pasiva deidad de las aguas, agonizaba por la misma enfermedad del pueblo de la Hechicera, decían que ya no escogía enemigos, no distinguía entre buenos y malos, este era el primer gran obstáculo, el caucayaco divinidad máxima de los valles occidentales vigilaba las fronteras de estos.
Durante un tiempo estas fronteras fueron cuidadas de los extraños sortilegios que querían romper y llegar a las frías tierras del sur, lugar de los buenos y malos presagios, terrenos madres de la vida en toda la tierra. Ahora la enfermedad de los mágicos, seres destinados a la magia, la perdían; el estado más avanzado de la enfermedad era cuando se iban poco a poco; no sólo los sortilegios, que daban sentido a la existencia de estos seres; sino que además, su esencia como tal se perdía, se volvían vacíos e impredecibles. El grado de enfermedad más peligroso. Caucayaco , en una misma proporción a sus poderes como Dios máximo, caía de una manera más profunda, muchos decían que ya había muerto... pero ninguno que se atreviera a ir a averiguarlo regresaba para contarlo...
Cuento I:
Hacía miles de años, había decidido quedarse para esfumarse, como agoniza una estrella, cuya belleza le regala una agonía larga y tormentosa, vivía sin magia a pesar de ser una Hechicera...
Siguiendo su rutina tuvo la oportunidad de conocer otros rumbos y paso de los Valles a las imponentes montañas del oriente, allí buscaba aprender o encontrar su cura, decían que en las montañas del oriente se encontrarían los Seres Sabios, ellos venían del norte, bastante lejos. Estos brujos, les enseñarían el arte de aprender, cosa que pocos brujos y hechiceras sabían, hacía miles de años se habían creado las doctrinas y pocos o casi nadie se atrevían a contrariarlas, era un evento sin precedentes... ese fue el motivo de su viaje, una luz entre tanta oscuridad.
Las montañas del oriente quedan exactamente opuestas a los valles occidentales, es un viaje largo, crudo, frío y lento que solo quien no tiene nada que perder se atrevería a realizar. Aunque aislada en si misma, no estaba sola. El viaje sería emprendido acompañada por El sabio, responsable de los destinos de la región sur occidental, Gebo - como lo llamaban por el séptimo símbolo del alfabeto rúnico, esa precisamente era su insignia - impulsado por una sed de poder siempre había querido seguir hacía la ruta de los Seres Sabios, con ellos su esclavo el estúpido Or, un ser sin voluntad y sin la más mínima inteligencia, pero el único que había rondado alguna vez esas tierras. La hechicera, discípula de Gebo, su mejor estudiante buscaba una manera de encontrar luz para su vida y su tierra llena de soledad y tristeza, ese era el motivo del viaje...
La hechicera conocía las tierras de las montañas del oriente, pero su soledad y la enfermedad que llevaba por dentro, su imposibilidad de magia, le habían borrado recuerdos mágicos y poco a poco perdía voluntariamente todo cuanto ella alguna vez quiso, su enfermedad la estaba venciendo.
Gebo conocía el mal que acompañaba a la hechicera; de alguna forma la quería, de una manera extraña, pero en verdad la amaba, sabía que el viaje era importante sobre todo para ella... Gebo tenía un presagio y presentimiento: en las montañas del oriente encontrarían la cura, si, la de su pueblo y de la enfermedad de la Hechicera... Or, el estúpido, intuía que su amo la necesitaría más a ella que a él, Or no la quería y el viaje iba a ser la prueba de ello...
Iniciando el viaje, tendrían que ir hacía el norte de los Valles Occidentales, ese sólo era el comienzo de un arriesgado camino. Rad, quinto símbolo del alfabeto rúnico, era el nombre de un ser muy antiguo despreciado por su poco poder en comparación a su edad; era apenas más joven que Gebo, la Hechicera había decidido adoptar sus enseñanzas. Aunque era más bien algo donde el uno en apoyo del otro, eran amigos, y a pesar de ser mayor, Rad, tenía un extraño embrujo de juventud, parecía mucho menor, todas las iniciantes, muy jóvenes a la luz de las estrellas, caían en su trampa. Esa, era para los demás, lo más desagradable y al mismo tiempo lo más cautivador de Rad.
Los cuatro iniciaron su travesía para ver los Seres Sabios, se dirigían al caucayaco buscando su curso hasta donde se encañona, la enorme pero pasiva deidad de las aguas, agonizaba por la misma enfermedad del pueblo de la Hechicera, decían que ya no escogía enemigos, no distinguía entre buenos y malos, este era el primer gran obstáculo, el caucayaco divinidad máxima de los valles occidentales vigilaba las fronteras de estos.
Durante un tiempo estas fronteras fueron cuidadas de los extraños sortilegios que querían romper y llegar a las frías tierras del sur, lugar de los buenos y malos presagios, terrenos madres de la vida en toda la tierra. Ahora la enfermedad de los mágicos, seres destinados a la magia, la perdían; el estado más avanzado de la enfermedad era cuando se iban poco a poco; no sólo los sortilegios, que daban sentido a la existencia de estos seres; sino que además, su esencia como tal se perdía, se volvían vacíos e impredecibles. El grado de enfermedad más peligroso. Caucayaco , en una misma proporción a sus poderes como Dios máximo, caía de una manera más profunda, muchos decían que ya había muerto... pero ninguno que se atreviera a ir a averiguarlo regresaba para contarlo...
sábado, 29 de mayo de 2010
ciudad mágica

Rompió la puerta y saliendo maldecía. Miles de cristales le caían cortando y en cámara lenta pudo contar cada una de las heridas que los vidrios marcaron entrando en su cuerpo: fueron 25 las profundas y 12 las que menos sitio...
Nadie la ayudó, la dejaron sola, se le tiño el pelo de rojo sangre y se vio a sí misma en la calle, se arrastraba. No estaba dormida, tampoco soñaba, era ilógico que lo hiciera ella misma, odia las agujas, más aún los cristales, ¿qué paso? no cuenta que antes se lo rompió el corazón como el vidrio que perforo con ella misma, se usó de arma...
Nadie más la volvió a ver, se perdió en la inmensidad de una ciudad que no ve, no siente, no llora, no escucha, se la comen sus lamentos, una ciudad que llena de huecos, a una ciudad que ahoga sus muertos no bajo tierra, sino bajo los ruidos que no escuchan, ella se convirtió en uno de los muertos de la ciudad... uno de tantos... uno de los invisibles. Porqué los que vivimos y no la vieron aprendimos otro arte que te regala la ciudad: la capacidad de hacer magia... vuelves invisible a quien quieras... eso le pasó a ella, nadie la vio, nadie la ayudó y desapareció...
Nadie la ayudó, la dejaron sola, se le tiño el pelo de rojo sangre y se vio a sí misma en la calle, se arrastraba. No estaba dormida, tampoco soñaba, era ilógico que lo hiciera ella misma, odia las agujas, más aún los cristales, ¿qué paso? no cuenta que antes se lo rompió el corazón como el vidrio que perforo con ella misma, se usó de arma...
Nadie más la volvió a ver, se perdió en la inmensidad de una ciudad que no ve, no siente, no llora, no escucha, se la comen sus lamentos, una ciudad que llena de huecos, a una ciudad que ahoga sus muertos no bajo tierra, sino bajo los ruidos que no escuchan, ella se convirtió en uno de los muertos de la ciudad... uno de tantos... uno de los invisibles. Porqué los que vivimos y no la vieron aprendimos otro arte que te regala la ciudad: la capacidad de hacer magia... vuelves invisible a quien quieras... eso le pasó a ella, nadie la vio, nadie la ayudó y desapareció...
Siberia....
Melancólica, le chocan las luces de neón en la ventana de un bus, de esos que parecen fugitivos del cementerio de autos, estrella su mirada contra las imágenes que pasan frente a la ventana como la cinta de una película de cine mudo: Una chica algo linda esta en un poste mientras un hombre en la esquina más próxima la desnuda con la mirada... le es tan familiar... Al otro lado, un hombre hecho trapos maldice a un hombre en una farmacia, no le quiere "colaborar", es de esas limosnas que piden a mano armada... Más adelante ve como dos chicas algo jóvenes se besan, parecen amigas, ellas tienen la virtud de confundir todo lo que rodean, no se sabe que son, no hay pistas, no hay nada, son como invisibles visibles....
¿Cómo algo tan extraño puede volverse tan familiar? sobre todo en un mundo donde todo es normal, donde la capacidad de adaptarte es la que te reta, no es la ley del más fuerte, es la ley de la improvisación el mundo se hace, acomódate en él, y poco a poco nada es inusual, pero es cierto ya no le sorprende...
Siguiendo la cinta de la película pronto encuentra unos ojos iguales a los suyos, un rostro e incluso detecta la misma tristeza que la acompaña hace un tiempo, dicen que los humanos nacen con un lazo, de hecho es así, pero aunque lo rompan pervive la necesidad de y seguir atados a alguien, piensa que está sola que no pertenece a nadie, no le interesa hacia donde se dirige el bus, no va a ninguna parte a la que ella quisiera, es más no está, ella no quiere estar más... siguiendo su reflejo en la ventana una mirada de una mujer terriblemente blanca la mira, no la conoce, pero es como si algo le dijera que la conoce, mira para atrás y no ve a nadie, la ruta está por terminar, no hay nadie, excepto el remedo de chofer adelante.... la vuelve a mirar: siente frío... teme.... trata de ubicar el sitio de su película... no lo encuentra, ni la calle, ni las casas, ni nada... una frase la golpea la cabeza, "¿por qué el infierno debería tener fuego cuando la tristeza es lo más parecido al helado frío de Siberia?, ¿por qué piensas que sueñas si no sientes, porque piensas que piensas si te digo lo que no quieres escuchar?... No es la primera vez que la ve... teme y se da cuenta que no quiere estar... se baja de la ruta, trata de seguir triste como está hace un tiempo, al voltear la esquina... la vuelve a ver... no le queda más remedio que hacer lo más humano posible... ignorarla y seguir a pesar que le siente el aliento en sus espaldas.....
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